Desde sus inicios The Who siempre ha sido una banda muy infuyente con gran capacidad de innovación. Eso les ha convertido en una de las piezas claves a la hora de entender la evolución de la música en los años 60′s y 70′s.
A lo largo de su dilatada y exitosa trayectoria los Who han convertido en tendencia los primeros avances que Dave Davies y The Kinks habían aportado en materia de amplificación y distorsión, han cambiado por completo la iconografía y el sentido del espectáculo de los conciertos y han creado la Ópera Rock y popularizado los discos conceptuales.
Para 1971, debido a discrepancias creativas dentro de la banda y a la complejidad del proyecto se echa atrás Life House que estaba destinado a convertirse en una nueva Ópera Rock tras el éxito de Tommy. En su lugar se publica un álbum de Rock mucho más desnudo y visceral en cuya portada aparecen los Who al pie de un monolito de cemento en el que acaban de mear. Es el Who’s Next, un disco que ya desde la primera nota de la primera canción deja bien claro sus intenciones, abriendo con Baba O’Riley -hoy en día popularizada y descontextualiza como opening de CSI New York- y lo que suena es un sintetizador, un instrumento practicamente experimental en aquel momento.
El cerebro de un puto genio como el narigón Townshend siempre está en ebullición y aunque Who’s Next es un retorno al Rock más convencional ni mucho menos significa un estancamiento. Y, precisamente, prueba de ello es este novedoso y mesurado uso que se hace del sintetizador. Pete apenas lo utiliza como un simple contrapunto a la agresividad de su guitarra pero incluso esto es un acierto y lo conviertirá en todo un precursor.
La ya citada Baba O’Riley, Bargain, Behind Blue Eyes o Baby Don’t You Do It son algunos de los temas más brillantes de este (IMPRESCINDIBLE!!) Who’s Next. Pero sobre todos ellos destaca el increíble Won´t Get Fooled Again -también alienado como intro de CSI Miami- en el que los Who se muestran predispuestos a luchar en las peleas más cotidianas en una canción descarnada que merece estar considerada entre los grandes logros de una banda que jamás ha recibido ni recibirá todo el reconocimiento que se merece.
Un último comentario: con apenas unos meses de diferencia con este Who’s Next se publicaron dos muy buenos trabajos en solitario de Entwistle -el Smash You Against The Wall- y de Townshend -el Who Came First-; son dos magníficos discos que merece la pena escuchar y que pone bien al descubierto la disparidad creativa entre ambos músicos que provocó alguna que otra controversia dentro de la banda como la que mandó a la mierda un proyecto tan ambicioso como el Life House.
Pongámonos en situación con una historia harto conocida: miércoles, 6 de julio de 1977, Montreal. Es el último concierto del In The Flesh, la gira del Animals. El show no comienza con buen pie. Suenan los primeros acordes acústicos de Pigs On The Wings (part 2), tercera o cuarta canción del set-list. El sonido es tan precario que la música se ahoga en el jaleo de un público en plena catarsis. De pronto suena un estruendo. Cabreado, Roger Waters para de tocar y se dirige a la multitud: “Oh! for fuck sake, stop lighting off fireworks and screaming, I’m trying to sing a Song!” El concierto se reanuda y la canción puede terminarse sin más incidentes pero entonces le toca el turno a Pigs (Three Diferents Ones) y la cosa va a peor. El famoso cerdo volador cruza las alturas del estadio cuando Waters hace subir al escenario a un chaval de la primera fila que no para de gritar. “Sin rencor”, le dice. Entonces, ante la sorpresa general y para shock del muchacho, Roger le escupe en la cara.
¿Qué coño le pasa a Roger Waters? A sus 33 años es rico, famoso y el pilar principal de una de las bandas más grandes que ha parido el Rock. Sin embargo su matrimonio ha fracasado y Pink Floyd empieza a resquebrajarse al pretender convertirla en su banda de acompañamiento. Se ha autoproclamado lider del grupo y de alguna manera se ve a sí mismo como el legítimo heredero de la creatividad, de la filosofía y de la locura de Syd Barrett.
Conmocionado por su propio comportamiento en Montreal y con síntomas mas que evidentes de una demencia megalomaníaca Waters se entrega en cuerpo y alma en la creación de The Wall, un ambicioso y personalísimo proyecto que se convertirá en el último gran disco de Pink Floyd.
The Wall es un disco doble en el que Waters plasma sus miedos, sus complejos, su culpabilidad, toda la frustración que siente sobre el escenario al ser consciente del infranqueable muro que le separa como artista del espectador que contempla su artificial obra completamente deshumanizada por la mediatización. “Son los problemas deWaters, no los nuestros” -dirá Gilmour.
El disco llega al nº1 en USA y ahí se mantiene durante 15 semanas. En el Reino Unido alcanza el puesto 3 pero nadie admitirá haberse comprado un disco de quienes la invasión Punk ha catalogado como “decrépitos dinosaurios del Rock”.
Compuesta por un Gilmour bastante marginado en la función creativa y pulida por Waters quien además escribió la letra, Comfortably Numb narra un pasaje que comienza en plena sobredosis de Pink, con la voz del doctor -voz de Roger Waters- pidiéndole que si puede oírle responda con la cabeza. El médico trata de tranquilizar al artista para administrarle una inyección que le permitirá aguantar en pie durante toda la actuación pero Pink no le escucha, simplemente relata -con la voz de David Gilmour- una sarta de incoherencias que en ese momento le salen de muy adentro. Habla de su infancia, de recuerdos y de fantasías incumplidas que han derivado en un sujeto traumatizado y completamente alienado. Melodía preciosista. Ritmo inquietante. Buen solo a mitad de canción. Sencillamente grandioso el del final. Una de esas canciones que uno jamás se cansa de escuchar y que incluso ganan con el paso del tiempo.
Dos años después de su estreno, The Wall se verá apoyada con un ambicioso largometraje, simbolista, estilizante pero efectivo, realizado por Alan Parker y con Bob Geldof en el papel de Pink, el personaje que encarna los aspectos más psicóticos de la personalidad de Waters. Por cierto, Pink Floyd no aparece en la película al parecer por desavenencias entre Alan Parker y… y … bueno, ya os imaginais quién.
LLegó un momento en su carrera en el que hasta los propios Beatles se hartaron de la Beatlemanía. Fueran a donde fuesen se encontraban con fans que gritaban enloquecidos por acercarse a ellos, multitudes que los insultaban, políticos que los consideraban como unos monigotes de los que sacar tajada, polémicas, disturbios, amenazas de muerte, … vivían en lo que llamaban “el ojo del huracán”, ese punto de seguridad que su escolta privada creaba en el centro mismo de la histeria colectiva. Ya no disfrutaban de sus conciertos. El griterío era tan ensordecedor que ni siquiera lograban escucharse a sí mismos. Continuamente se equivocaban y a nadie parecía importarle puesto que nadie se daba cuenta. La gente iba a verles, no a escucharles.
En este punto decidieron simplemente no salir más de gira y dedicarse exclusivamente a trabajar en sus discos de estudio. Ni siquiera lo hicieron público.
Lennon se fue a Almería a rodar How I Won The War (aprovechando los descansos para componer la extraordinaria Strawberry Fields Forever). Paul compuso junto a George Martin la banda sonora para la película The Family Way que obtuvo varios premios. Harrison se concedió su famoso retiro espiritual en la India. Ringo… bueno, Ringo creo que no hizo nada especial. Los periódicos especulaban sobre su posible separación, sacaban editoriales insinuando una presunta crisis de creatividad. El espectacular single de Penny Lane / Strawberry Fields Forever no alcanzó el número 1 de inmediato. Había sido superado por el Release Me de Engelbert Humperdinck y aquello era algo totalmente inusual, impensable (paradógico, más bien: los Beatles llevaban una larga ristra de nº1 de salida consecutivos y esta racha se vio truncada con el que posiblemente sea su mejor single).
Fueron momentos de incertidumbre que simplemente quedaron en nada un día de 1967 en el que en las tiendas de discos de todo el mundo apareció una de las grandes portadas de la historia del Rock: la del Sargent Pepper Lonely Hearts Club Band. Un auténtico golpe maestro.
La idea del disco comenzó simplemente con la idea de crear una banda ficticia con un nombre larguísimo tal y como se llevaba por aquel entonces en los USA. Se quiso crear una especie de Ópera Rock pero esto sólo se consiguió a medias pues sólo los primeros y los últimos temas del disco estaban realmente conectados (aunque hay todavía quien considera al Sargent Pepper como el primer disco conceptual de la historia).
No es (ni mucho menos) el mejor disco de los Beatles. Creo que Abbey Road, Rubber Soul, Revolver, Magic Mistery Tour e incluso el llamado “Album Blanco” están (musicalmente) un peldaño por encima pero el Sargent Pepper tiene un punto de innovación, de absoluta revolución, de crear un “antes” y un “después”, de cambiar para siempre el Pop, de proyecto redondo culminado por una de las portadas más legendarias de la historia -miles de veces imitada y homenajeada-, que lo envuelven en un halo místico y que lo convierten en un hito casi irrepetible.
A Day In The Life es una gran turbulencia que surge de la inspiración de Lennon leyendo los periódicos. En la portada de un diario se hablaba de la muerte de Tara Browne, amigo suyo. En otro se incluía un artículo llamado “Far and Near” en el que se criticaba el mal estado de la calzada en Blackburn. A partir de eso John elabora una melodía y junta a los demás miembros. Da sus instrucciones y comienza a marcar el ritmo con su Sugar-plum Fairy!. La voz de Lennon suena sublime, de poner los pelos de punta. Magistral como pocas veces. I read the news today (oh boy!) about a lucky man who made the grade. And though the news was rather sad, well, I just had to laugh… Cada una de las estrofas cantadas por John sigue la misma estructura pero termina de manera distinta.
Es entonces cuando se entona el célebre I’d love to turn you on y a partir de él se crea un puente en forma de larguísimo y caótico glissando de 24 compases en el que los músicos de orquesta contratados improvisan individualmente un angustioso crecendo, con la única referencia del tono inicial y del final. Mientras, Ringo va contando los compases uno por uno … six! … seven! … eight! … con los platillos sonando arrítmicamente. Finalmente un despertador señala el momento en el que los instrumentos entran en la nueva melodía, la de McCartney.
Woke up, fell out of bed, dragged a comb across my head, found my way downstairs and drank a cup and looking up I noticed I was late… Al principio estas líneas eran un proyecto de canción que parecía condenado a convertirse en una idea difusa y olvidada. Fue Lennon quien insistió en unirla a su composición ante el escepticismo del propio Paul.
El desenlace de este tramo es un pasaje en el que John simplemente acompaña con su voz el nuevo puente que crea la orquesta y que sirve para regresar a la estructura inicial. I read the news today (oh, boy!). Four thousand holes in Blackburn, Lancashire. And though the holes were rather small they had to count them all. Now they know how many holes it takes to fill the Albert Hall…
Ahí se vuelve a entonar el explícito I’d love to turn you on que nos encauza directamente a un segundo crescendo que culmina con uno de los acordes de piano más famosos: un Mi Mayor ejecutado simultáneamente por tres pianos y un armonio que cierra la canción prolongándose en el tiempo y en la memoria, como una nube de polvo en suspensión tras una gran explosión.
Sin duda, uno de los grandes momentos de la historia de la música, que es imposible de describir con precisión y justicia. Así que lo mejor es escucharlo y disfrutarlo.
Segunda mitad de los años ’70s. Las guitarras atronan desafinadas ahogando el apocalíptico mensaje que chillan unos ¿músicos? nihilistas que desafían al mundo desde lo alto de los escenarios con su imagen ultra-agresiva y sus muecas más feroces. Es el debastador terremoto Punk, una filosofía radical que musicalmente se puede resumir con la expulsión de Glen Matlock de los Sex Pistols, acusado de haber expresado repetidamente su admiración por los denostados Beatles y por el decrépito Paul McCartney en particular.
Sin embargo, desde dentro del propio Punk emerge la New Wave, un movimiento insurgente que ni quiere romper completamente con el pasado ni cree en el No Future, que no teme la nostalgia ni está dispuesto a renunciar a las melodías elaboradas. Bandas como The Jam o The Pretenders no dudan en reconocer la gran influencia que los Kinks ejercen sobre su música. Incluso un género como el Ska que hasta este momento apenas ha tenido repercusión internacional, protagoniza una gloriosa resurrección de la mano de Madness y de The Specials.
Pero no simplifiquemos tanto. La New Wave no se reduce a un simple y nostálgico revival. A ese respeto y veneración por el pasado le une lo apasionado de un mensaje reivindicativo que cala muy hondo en la juventud. El rock pierde garra, recupera su forma e imagen más Pop y hereda la profundidad y compromiso del Folk y del Reggae.
The Police surge en pleno huracán Punk. Mezclan Rock, Jazz y Reggae pero con el tiempo serán catalogados como leyendas del Pop. El peculiar estilo de Andy Summers con la guitarra y la voz de Sting (blanca y poco potente pero dotada de un timbre original y de una amplitud impresionante) se convierten en el sello personal de su inimitable sonido.
Sus fans los consideran el mejor grupo de la historia. Los críticos de la época lo creen. La industria discográfica también lo cree. Incluso ellos mismos están de acuerdo con ello. Desde Beatles y Rolling Stones ningúna banda ha obtenido una opinión favorable tan unánime. La carrera de The Police es, simplemente perfecta. Es una espectacular bengala de mil brillos que incluso se desvanecerá en el momento oportuno, en pleno apogeo y de la forma menos traumática.
Roxanne, la legendaria canción de amor a una protistuta francesa que toma el nombre de un personaje de Cyrano de Bergerac, es un tema tan original y complejo que ni siquiera hay acuerdo para catalogarlo como Reggae, Bossa Nova o Tango. Resulta curioso como guitarra, percusión y voz interpretan melodías independientes (casi contradictorias) con las pausas y el estribillo como lugares de encuentro, pero sin que la canción llegue a tambalearse en ningún momento. Como curiosidad, a los pocos segundos de iniciarse la canción se oye de fondo como Sting se cae sobre los teclados y la posterior y consecuente carcajada.
Finalmente, en 1985 Sting publica The Dream Of The Blue Turtles, su primer disco en solitario y esto, en cierto modo, supone un implícito certificado de defunción para The Police. Una vez más, el sueño se ha acabado.
no simplifiquemos tanto. La New Wave no se reduce a un simple y nostálgico revival. A ese respeto y veneración por el pasado le une lo apasionado de un mensaje reivindicativo que cala muy hondo en la juventud. El rock pierde garra, recupera su forma e imagen más Pop y hereda la profundidad y compromiso del Folk y del Reggae.
A comienzos de 2002 apareció en las tiendas de discos un album titulado The Big Come Up que pasó completamente desapercibido para el gran público. Se trataba del modesto e irregular debut discográfico de un peculiarísimo dúo de veinteañeros llamados Dan Auerbach y Patrick Carney asociados bajo el sugerente nombre de The Black Keys.
La singularidad de una banda compuesta únicamente de un guitarrista y un batería hizo pensar a muchos que tras su exagerada y casi caricaturesca imagen nerd se ocultaban unos vulgares imitadores de la exitosa fórmula de The White Strippes. Craso error. Nada tenía que ver el minimalismo extremo de la (mini)banda de Jack y Meg White con aquel sucio y áspero blues garajero que apestaba descaradamente a tabaco con tropezones y a malas hierbas.
Ocho años más tarde, a mediados de 2010 The Black Keys publican Brothers, su sexto album; un album que yo considero (de lejos) el mejor disco del último lustro.
En Brothers nos encontramos a unos Black Keys muy diferentes de los que conocimos con aquel rudimentario The Big Come Up grabado con un arcaico 8-pistas. En este disco Auerbach y Carney mezclan Blues y Soul a partes iguales y lo aderezan con sutiles y esporádicas dosis de Glam, de Funk y de otros venenos igualmente letales. Con esta original receta logran despojarse por fin de esa incómoda etiqueta de “Revivalistas-del-Blues” con el que los teníamos catalogados. Ya apenas queda gran cosa del Blues descacharrado de Thickfreakness o de Rubber Factory (su mejor disco hasta la publicación de Brothers). Los Black Keys ya se han labrado un nombre en este mundillo y han consiguido los suficientes medios para que la labor de producción sea aún mejor que en Magic Potion y que en Attack & Release. Y por supuesto, lo más importante es que dudosos proyectos como el Blak Roc son ya cosa de un anecdótico y sonrojante pasado.
Tal vez lo más increíble es que pese a las monstruosas diferencias siguen sonando a ellos mismos. Uno escucha Sinister Kid o Next Girl (qué bien suenan ambas!) y reconoce de inmediato a los Black Keys de toda la vida. Como recientemente le escuché decir al larguirucho Carney, “ahora no nos importa tocar lo que sea con el instrumento que sea. Siento que hagamos lo que hagamos -sea un disco de HipHop o de Funk- acabará sonando a The Black Keys… hace 8 años sólo podíamos aspirar a fingir que sabíamos tocar Funk“
Brothers es un disco inmenso en el que duele escoger una canción y descartar las demás. He escogido la galardonada Tighten Up para titular el post pero perfectamente podría haber escogido Unknown Brother o The Only One (mis dos favoritas) o la melancólica These Days o Never Gonna Give You Up -un (magnífico) cover del clásico de Jerry Butler- o Ten Cent Pistol (otra gran debilidad personal) o el fascinante y pegadizo falsete de Everlasting Light o qué sé yo, cualquier otra porque escogiese lo que escogiese uno sólo podría acertar. 15 canciones, 15 temazos.
Si tuviese que aconsejar a alguien sobre un disco en el que dejarse los cuartos, yo no tengo dudas de cuál recomendaría.
Visto ahora desde la inmejorable perspectiva que nos proporciona el tiempo transcurrido, no dejan de resultar curiosas las extremas dificultades que tenía Joan Jett a principios de los 80′s para lograr un contrato para su primer album en solitario. Hasta 23 discográficas llegaron a rechazarla y no le quedó otra que crear su propio sello. Realmente le fue muy complicado librarse de la imagen de punk quinceañera, mezcla de Ziggy Stardust y Suzi Quatro, de su época con las pioneras The Runaways, una banda que había logrado un éxito impresionante en Japón pero que fracasó comercialmente en el resto del planeta (a pesar de su gran popularidad en Europa y Latinoamérica), con Cherry Bomb casi que como único hit destacable.
Sin embargo, sólo un año después todo era completamente distinto. Joan Jett era ya toda una rockera y se había convertido en la Gran Dama del Rock que inspiraria a toda una generación de rockers femeninas. La clave de todo ello es evidente: los éxitos de Bad Reputation y , sobre todo, de su mitiquísimo cover del I Love Rock And Roll.
La historia de este himno resulta un tanto peculiar puesto que, pese a lo que muchos creen, en realidad no era obra de Joan Jett sino de The Arrows, una fugaz y semidesconocida banda de mediados de los 70′s. La RAK Racords, discográfica que publicaba los discos de los Arrows, no pudo darle a la canción la suficiente promoción y el tema pasó prácticamente desapercibido para el gran público. Joan Jett escuchó por primera vez I Love Rock And Roll en 1976 durante una magnífica actuación televisiva de The Arrows en su propio show televisivo.
Entre esa actuación de los Arrows y la versión de Joan Jett And The Heartbreakers pasaron 6 años. En ese periodo de tiempo (en 1979, concretamente) Joan Jett ya había tocado una primera versión del I Love Rock And Roll con Steve Jones y con Paul Cook, miembros de los Sex Pistols. Eran sus dificilísimos primeros pasos como solista y esta versión permaneció prácticamente inédita hasta 1993 con la publicación de Flashback, el disco de rarezas de la auténtica Reina del Rock
En 1979 los AC/DC publican Highway To Hell y alcanzan la categoría de mejor banda de Hard Rock del momento. Paradógicamente, ellos, que siempre han parodiado hasta lo risible todos los topicazos rockeros habidos y por haber, se convierten en una de las bandas más iconográficas de la historia.
Angus Young, con su uniforme escolar, con su diadema de cuernos, con su Duck Walk (heredado de Chuck Berry y de Peter Townshend), con su convulsivo e hiperactivo sentido del espectaculo, pero sobre todo con sus contundentes y espectaculares riffs y sus demoledores solos, es la base sobre la que se sustenta el sonido (y la estética) de AC/DC. Bon Scott aporta a la banda garra, carisma y una voz desgarrada y desgarradora.
Sin embargo, en Febrero de 1980, apenas unos meses después de la publicación del superexitoso Highway To Hell, Bon Scott muere tras una monumental borrachera. El golpe para la banda es brutal. La opinión general es que les será imposible levantarse de algo así. La respuesta de AC/DC es de una contundencia abrumadora: Back In Black, el segundo disco más vendido de la historia de la música y que incluye auténticos clasicazos como Hell Bells, You Shook Me All Night Long o Back In Black. Ni antes ni después de AC/DC ha habido otra banda que haya superado la muerte de su frontman. Ninguna. Pura épica.
Jamás se le reconocerá a Brian Johnson todo su mérito. Llega para sustituir a un martir del Rock. Le iguala en el registro, le supera en técnica y se niega a compararse en cuanto a carisma. Desde el primer momento asume su rol sin mayores pretensiones, perfectamente consciente de que para el fan nostálgico, para el gran público, para la historia, el gran vocalista de AC/DC siempre será Bon Scott.